Felipe Jiménez

Cali

La Red Juvenil Ignaciana en mi vida se ha convertido en la posibilidad de tener espacios para reconocerme desde diferentes dimensiones de mi vida, ha sido un espacio donde he sentido la confianza para abrir mi corazón de forma honesta sin ningún tipo de prejuicios o estereotipos. Además, al escribir esto no puedo parar de pensar en todos esos rostros y nombres que llegan a mi memoria al recordar momentos que han quedado marcados en mi corazón.

Adicionalmente, me ha brindado la posibilidad de descubrirse dentro de mi espiritualidad, de descubrir que el otro me puede acompañar en este proceso de vida, que puede caminar junto a mí y de esa misma forma podemos acompañarnos entre nosotros, la RJI es la posibilidad de entender y ver la vida de una forma diferente. Por ejemplo, me brindó la alegría de sentirme acompañado y poder acompañar a más de 12 personas que han estado a mi alrededor a lo largo de este camino, a los cuales hoy puedo llamar comunidad y familia.

Finalmente, me regaló un tesoro muy valioso, que para mí ser es totalmente invaluable, ese tesoro fue la oportunidad de soñar, si, de soñar y en grande. Fue la posibilidad de llegar a mi contexto y abrirme a nuevas propuestas y horizontes, las cuales fueron dando frutos a través de los años. Por esta razón, agradezco inmensamente por dejarme empapar de la realidad de mi país, de mi región, de mi ciudad, de ser más crítico, de defender mis posturas y de luchar por lo que creo. Y a ti que me estás leyendo, sólo puedo decirte que nunca dejes de soñar y por favor que sea en grand

María Antonia Ramírez

Manizales

Familia, es tan sencillo y a la vez tan complejo como esta palabra. En el transcurso de mi vida he tenido la oportunidad de ser parte de la red, me he encontrado con gente maravillosa, de diferentes partes del país, que ahora puedo llamar familia. Cada encuentro, cada actividad me llevaba a encontrarme con nuevos y viejos lazos de familia que ahora caminan a mi lado, me han llevado a encontrarme con personas que me llenan de esperanza y de fe de que juntos sí podemos construir un futuro mejor, que podemos caminar juntos, que siendo más se sirve mejor.

La red es apoyo, me han enseñado que en muchas ocasiones es más lo que podemos aprender de los demás que lo que los ayudamos o acompañamos. Me demostraron que “enamorarse y permanecer enamorado lo determinará todo”, determinará lo que te haga levantar por la mañana y lo que te llene de felicidad y asombro, y determinará lo que te rompa el corazón, en tiempos de cuarentena esto ha sido clave para aprender a vivirla, aprender a llevarla y tener esperanza de que algún día va acabar.

Pero también me han hecho ver la realidad de nuestra casa común, de un país que sufre, que necesita que reaccionemos, de darme cuenta que hay personas que lo han perdido todo, pero aun así siguen con su esperanza intacta, que no podemos ignorar lo que sucede en nuestro propio país, que en un país donde hay tanta desigualdad el privilegio no puede nublar nuestra empatía con quienes habitamos en la casa común.

Diana Romero

Bucaramanga

Mi primer encuentro con la Red Juvenil Ignaciana significó encontrar compañía en el camino. Mis recuerdos más significativos con la Red se recogen en la esperanza. El momento en el que me enamoré de construir redes fue cuando mi proyecto de vida se vio inmensamente permeado por las apuestas juveniles ignacianas. Hoy, después de 4 años de diversas experiencias puedo decir que la red representa en mi vida primordialmente resignificar mi vida respecto a las siguientes realidades.

Primero el haber encontrado personas que acompañan mi vida, personas que se han convertido en familia y refugio y que me enseñan que el camino es mejor acompañada, que vivir en comunidad vale la vida. Luego, en un mundo y un país de realidades muy complejas, en los momentos más difíciles he encontrado esperanza, cada vez que escucho los sueños comunes, que veo las apuestas por construir un mundo mejor, ahora sé que mientras haya gente con esperanza siempre será un futuro esperanzador, mientras haya gente que le apueste a construir un país mejor siempre tendré esperanza en el país que soñamos, además, sé que no estoy sola. Y por último el cuestionarme lo que quiero ser y hacer me hizo replantear y reconstruir mi principio y fundamento. La espiritualidad Ignaciana y el encuentro con otros y otras me ha hecho llenar de sentido y significado lo que creo y lo que soy.

La Red Juvenil Ignaciana representa para mí amor, el amor materializado en las personas que se han cruzado en mi camino, el Dios del amor que nos invita a permanecer en el amor y el amor como fuerza transformadora.