Una juventud que abraza la memoria: acción simbólica del 9 al 9

 

“Toma Señor y Recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad…” así inicia la oración bandera de la Espiritualidad Ignaciana. Cualquier joven que haya tenido contacto con algún jesuita o alguna obra de la Compañía de Jesús la habrá escuchado y en la medida de lo posible recitado.

De la mera emisión de palabras a la acción podemos encontrar un trecho largo, en cuanto a que en ocasiones hay días donde la memoria, el entendimiento y la voluntad parecen encontrarse lejos. Es una reacción, netamente, humana frente a lo que han sido historias, rostros, sonidos y olores que dan “vida” a cada 9 de abril como recordatorio de los hechos violentos durante el conflicto armado en Colombia.

No obstante, el tesoro invaluable llamado juventud permite a muchos rostros ser testimonio de un país que vibra, ríe, lucha con el ímpetu de su gente. Dinámica que no sopena de olvidar las historias y las memorias del conflicto. Es dar un paso más; quizá el “Mas” Ignaciano pasa de ser un slogan a tatuarse en el corazón de la juventud colombiana para escribir una historia distinta.

Así, una vez más, en los corazones de los 200 participantes de la acción simbólica de este año en palabras de Olaizola: “Ponen amor que ahora siguen habitados por memorias de soledad, de violencia o de guerra.” Por medio de las expresiones artísticas, la juventud colombiana, sigue expresando a toda la sociedad: “Quiéreme bien, herédame la paz.”

 

Isaac Velásquez S.J.

 

     

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