Desde sus inicios, la Red Juvenil Ignaciana se ha caracterizado por propiciar espacios de acompañamiento espiritual y comunitario, por crear procesos formativos juveniles acordes a las circunstancias históricas de nuestro tiempo y por promover una cultura del encuentro en donde se fortalece nuestra unión fraterna. Esta historia, construida por una fuerza multicolor de jóvenes colombianos, de distintas regiones del país, con diversas experiencias de fe y espiritualidad, con múltiples maneras de vivir su juventud, ha producido un sinnúmero de saberes encaminados a la transformación del país.  Nuestra formación, inspirada en el liderazgo ignaciano, nos invita constantemente hacia la integralidad formativa, a promover una actitud crítica y reflexiva de la realidad que se sitúa ante nuestros ojos y, especialmente, a proveer de sentido todas nuestras acciones en favor de la transformación espiritual, social y comunitaria de Colombia. Esta experiencia, en común diálogo con las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús (PAU), pone de presente la necesidad de indagar crítica y reflexivamente, desde los saberes juveniles, por el futuro esperanzador que estamos creando junto a los jóvenes. Como respuesta a esta indagación , a partir de un ejercicio de discernimiento en común, establecimos en el 2019 la creación de un nuevo eje transversal que respondiera a la necesidad de fomentar una comprensión crítica de las realidades juveniles en Colombia, generar procesos de
conocimiento de jóvenes para jóvenes. Para esta misión partimos de un presupuesto fundamental: los y las jóvenes poseemos un saber que debe ser reconocido, y reconocer esos saberes implica,
necesariamente, construir desde allí, desde esas experiencias, emociones y lenguajes, el presente y futuro esperanzador que buscamos. Este diálogo de saberes juveniles, como le hemos denominado en la Red Juvenil Ignaciana, pone en evidencia la necesidad de recoger las múltiples perspectivas juveniles sobre nuestras realidades humanas, desestimando por completo los prejuicios, las representaciones, las prácticas, los discursos y los presupuestos dados sobre los jóvenes.

Desde el eje de Conocimiento y juventudes estamos lanzado la red, como los pescadores, para recoger y PESCAR conocimientos y experiencias juveniles en un diálogo que pone en el centro la voz y los testimonios de los y las jóvenes. En últimas, el diálogo de saberes consiste en mezclar, como en un sancocho, la sabrosura y los condimentos que ofrecen todas nuestras regiones, esto es, la mezcla de nuestras vivencias como jóvenes, lo aprendido y lo desaprendido, lo vivido y todo aquello que pervive en la memoria. Todos juntos, compartiendo y construyendo nuevos conocimientos sin mayor pretensión que la de sentipensar nuestra juventud. Escuela Juvenil de formación ignaciana REDAR. Jóvenes de distintas regiones de la provincia juntos, en una gran pesca, construyendo nuevos conocimientos y experiencias juveniles de reconciliación. La virtualidad, producto de la pandemia, no ha sido un impedimento para seguir promoviendo diálogos de saberes juveniles. Durante estos meses de cuarentena llevamos a cabo una gran pesca de conocimientos y experiencias juveniles de reconciliación. En la escuela juvenil REDAR nos reunimos junto a 50 jóvenes de toda la Provincia que lideran y acompañan a otros jóvenes, que han movilizado en sus regiones y territorios procesos de formación e incidencia. Durante casi dos meses nos encontramos para lanzar la red, pescar nuevos conocimientos y compartir lo nuevo aprendido sobre la reconciliación en Colombia. Como resultado, recopilamos experiencias y conocimientos sobre la reconciliación desde la perspectiva de las víctimas del conflicto, de la espiritualidad, de lo comunitario y lo creativo. Nuestro diálogo se transformó en la construcción de herramientas juveniles para la reconciliación que buscan ser un insumo para procesos de formación e incidencia juvenil ya existentes. Redar, así como otras experiencias de la Red Juvenil Ignaciana, son la oportunidad de encontrar nuevas narrativas sobre la juventud. Somos jóvenes narrándonos a nosotros mismos; somos jóvenes constructores de nuevos conocimientos transformadores. Aunque algunos subestimen nuestra pesca, lanzamos con nuevos movimientos, aprendemos rápido las últimas destrezas, nos juntamos para pescar mejor. Somos diversos, desde allí aprendemos a lanzar la red y a pescar; somos movimiento, esa es nuestra fuerza natural; somos pensamiento crítico, creemos que un mundo mejor es posible; somos comunidad, compartimos la vida, nuestra fe y nuestra espiritualidad; somos transformación, desde ya, con nuestras redes, lideramos el cambio.

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