Colaborar en la Red Juvenil Ignaciana ha sido una experiencia sumamente enriquecedora durante mis dos años de estudios teológicos en Colombia, que terminarán con mi ordinación diaconal en noviembre. En mi primer mes en el teologado, yo fui misionado para hacer trabajo pastoral en Altos de la Florida, en Soacha. Pero, tuve el deseo de colaborar también con el pastoral juvenil de la Provincia, y a través de los últimos dos años acompañé a varias actividades con la RJI, como el voluntariado en Altos de la Florida, clases de inglés, PADIS (pastoral de la diversidad sexual) y Camino Claver. He tenido la inmensa alegría de conocer a innumerables jóvenes con una sed de profundizar en su fe y servir a su comunidad. He notado en muchos de ellos un deseo de conocer a Dios en una forma auténtica y profunda, más allá de las expectativas que ellos mismos o la sociedad tienen sobre quién es Dios. Percibí este anhelo en la profundidad y honestidad de sus preguntas y inquietudes, y en su deseo de seguir viviendo una experiencia de fe a pesar de sus dudas. Pienso, por ejemplo, en varias reuniones virtuales con en grupo de PADIS a través de los meses de cuarentena, en que las personas compartían la importancia de su relación con Dios, y como se sienten amados por Dios, a pesar de las maneras que han sentido rechazo por la Iglesia o sus familias católicas por su orientación sexual. Me sentí inspirado en la manera en que tantos jóvenes buscaban construir relaciones de amor y confianza a través de la RJI. Cuando entré por las puertas de la Casa de la Juventud, noté que tantos jóvenes encuentran en ese espacio una comunidad de acogida. Asistiendo a las misas en la casa, me quedé inspirado por la calidez y intimidad del espacio de oración y compartir. En los largos kilómetros del Camino Claver en Antioquía, me quedé inspirado por la búsqueda genuina en tantos jóvenes de vivir una vida con verdadero sentido en un mundo cadavez más superficial. Para mi, estas experiencias han sido de gran aprendizaje en mi propio camino vocacional. Me enseñaron la importancia del liderazgo juvenil, del trabajo en red, y de la creatividad y la iniciativa en el trabajo pastoral. Además, caminar con ellos a través de sus búsquedas, anhelos, inquietudes, y deseos de amar fue una experiencia sagrada. Pienso en las palabras de Elizabeth Barrett Browning: “La tierra está llena de cielo, y Dios arde en cada arbusto común. Pero sólo quien lo ve se quita los zapatos.” En la genuinidad de las interacciones y sentido de comunidad que experimenté en la RJI, los jóvenes me inspiraron a ver a Dios en los momentos sencillos de compartir comunitario. Estar con ellos, en tantas maneras, me hizo sentir que estuviera pisando tierra sagrada.

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